En el año 1935 un joven llamado Antonio Rodríguez, también conocido como Antonio de Rosendo, tocaba por primera vez en la orquesta de la Compañía de los «Claveles». La obra fue a beneficio de la Cofradía de San Juan.
A partir de aquella obra, este joven músico sentía vocación por los Blancos con los que estuvo tocando bastantes años.
Como anécdota, Antonio que estaba haciendo el servicio militar quería venir a Cehegín para tocar en la Semana Santa y por ello se inventaron que su madre había caído muy enferma y así, de ese modo, pudo salir en los desfiles procesionales del año 1941.
Este amigo contaba la historia de que un andero bastante conocido en Cehegín como era Juan El Tortas, al finalizar la procesión le dijo al presidente: «Como tienes un año entero por delante, te pido que enseñes a caminar a San Juan o le compres unas polleras para el año que viene».
Y aquello quedó como dicho solamente porque al año siguiente todo quedaría olvidado y volverían a salir al igual que hoy día nos ocurre a nosotros, porque todos los años al acabar las procesiones y nos dirigimos en dirección al Barrio de San Juan a recoger las imágenes, que por cierto, nos queda bastante lejos, los anderos cuando dicen: «¡Viva San Juan!» la mayoría contestan: «¡Viva!», pero alguno que otro dice: «¡ Que viva San Juan, pero que no viva tan lejos!».