Fue San Juan Evangelista el discípulo predilecto del Señor, lo tuvo a su derecha en la última cena y le acompañó junto a María hasta los instantes finales en el Monte Calvario. Jesús encarga en el Gólgota a Juan la custodia de la Virgen, y, a su vez, a la Madre la confía al apóstol. Fue el único de los discípulos que murió de muerte natural, desterrado en la isla de Patmos tras larga ancianidad; antes había predicado en Efeso, y ya en la isla que sería su prisión perpetua sus evangelios, que son especiales, pues giran en torno al «amor», es el discípulo del amor, dice la leyenda que pidió la ayuda al Altísimo para escribir sus evangelios. El Cielo iluminó a San Juan representado en la iconografía junto a un águila. Así como el águila es el ave que vuela más alto, el evangelio de San Juan adquiere cotas elevadísimas.
(Artículo de la Verdad - 1982).